El día a día del paro: entre el subsidio y la depresión

27 Ene

Tan sólo dos días después de que se publicaran los datos de la EPA con la demoledora cifra de 6 millones de parados (5.965.400, el 26,02% de la población activa), los defensores de las “cosas bien hechas”, los comprometidos con la causa de gobernar “como dios manda” y, dicho sea de paso, de educar a la ciudanía en lo que dicta “el sentido común”, han vuelto a desempolvar el argumentario neoliberal para dar la espalda a la cruda realidad y defender lo indefendible.

En la lógica neoliberal, la única posible y correcta interpretación de los datos ofrecidos por la EPA, debe apuntar a los parados como los verdaderos responsables de esta situación.

Son los trabajadores quienes sistemáticamente “se empeñan” en no querer trabajar. Son ellos los que están lastrando la economía de nuestro país, pues rehúsan día tras día “jugosas ofertas laborales”, amparándose en las cuantiosas prestaciones  y subsidios que perciben. Una verdadera indecencia (la de los parados) y un error de base éste de dar “ayudas” a quienes pierden su puesto de trabajo, pues no logra otra cosa que “desincentivar” la búsqueda activa de empleo.

Ayer, sin ir más lejos, esta perversa máxima (dogma de la sacrosanta fe liberal y acrítica) fue escenificada en un programa televisión, por parte de la hermana de “La Esperanza”. Tras este cariñoso apelativo no se esconde ni la “Fe”, ni la “Caridad”, sino Rocío Aguirre, hermana de Esperanza Aguirre (véanse vida y milagros). En el trascurso del debate tuvo  la desfachatez de presentarnos su microhistoria  como marco adecuado para entender los datos de la EPA.  “Me cuesta contratar a gente, porque prefieren el subsidio”, dijo. No hay responsabilidad alguna en las políticas de austeridad de la UE, ni en la incapacidad manifiesta de nuestro Gobierno para solucionar el drama del paro y devolver la credibilidad a la economía. La culpa la tiene un sistema injusto y perverso (propio del modelo de Estado de Bienestar), que concede generosas e inmerecidas “ayudas”, cuyo destino no es otro que frenar la búsqueda de empleo. Brillante análisis el de esta señora, que es capaz de llegar certeramente al drama de seis millones de españoles, a partir de “su” inestimable y valiosa experiencia como emprendedora (su “microhistoria”).

Me cuesta contratar gente, porque prefieren el subsidio

Me cuesta contratar gente, porque prefieren el subsidio

La idea de que “la prestación por desempleo desincentiva la búsqueda de empleo”, se ha convertido de una verdad de fe, tan acrítica y absurda como incuestionable para sus defensores. Fue don Mariano Rajoy el que, en julio del 2012, anunció en el Congreso “una revisión del modelo de prestaciones por desempleo, garantizando que éstas no generen efectos desincentivadores en la búsqueda de empleo” (ver noticia y vídeo). Dicha medida, consistente en una reducción en las prestaciones (a partir de los seis meses los parados pasarán a cobrar el 50% de la base reguladora, en lugar del 60% que estaba establecido) , no sólo fue muy aplaudida por la bancada popular, sino que dio la oportunidad a doña Andrea Fabra (de los Fabras de toda la vida), para recordarnos lo que significa estar en paro en manos de un Gobierno como éste: “¡Que se jodan!”, fueron sus palabras.

Pero no sólo al Presidente hemos de agradecer tanta sensatez y “sentido común”. También la Patronal, por boca de su presidente Joan Rosell, “nos hace caer” en la misma supuesta evidencia: como aquí el subsidio dura hasta 24 meses, la gente encuentra trabajo” milagrosamente” cuando falta un mes o dos para agotar el subsidio. Eso quiere decir que no está funcionando del todo bien“. Estas palabras fueron recogidas en una entrevista concedida por Rosell a la revista “Expansión”, en la que curiosamente se mostraba partidario de estudiar la conveniencia de una “amnistía fiscal” para los defraudadores: “Por lo menos analizarlo, evaluarlo, viendo ventajas e inconvenientes (…) Cualquier posibilidad, sea la que sea y venga de donde venga, para solucionar el problema financiero es planteable, hay que ponerla sobre la mesa“. Lástima de clase empresarial, para la que el “fraude fiscal” no es “fraude”, sino un tema sometido a revisión, mientas que los derechos de los trabajadores son vistos como un “robo” a los contribuyentes.

Podríamos eternizarnos en enumerar las ocurrencias de los incontables devotos neoliberales (tertulianos de raza, economistas que no paran de repetir que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”…). Hasta el mismo  Banco de España, en su informe del 27 de marzo del 2012, redunda en la misma doctrina, al tiempo que pasa por alto un detalle que la misma entidad apunta: “las probabilidades de salir del paro y encontrar un empleo han pasado de un 43 % en el período anterior a la crisis (de 2005 a 2007) a un 25 % desde 2007 a 2011”. Algo realmente “sin importancia” si se compara con el “sospechoso” papel desincentivador de las prestaciones.

Hasta aquí, la simplificación y las consignas… Una verdadera lástima que la cruda realidad de los desempleados, camine por otra senda.hacemos las cosas como dios manda

De entrada, desincentive o no, estamos ante un derecho legítimo por parte del trabajador, al ser éste  (y no una ONG) el que durante años de trabajo ha cotizado por dicha prestación.

Por otra parte, no es cierto el dogma liberal que presenta la “prestación” como un “desincentivo”. La prestación que recibe el trabajador en paro, lejos de servirle de excusa barata para no trabajar, lo proteje del riesgo de exclusión social (arrastando tras de sí a los suyos), así como de los problemas emocionales que se ceban en el desempleado (ansiedad, depresión…), permitiéndole de este modo afrontar con esperanza el reto de volver a incorporarse lo antes posible al mercado laboral. Es lo que se desprende de la EPA y lo que confirman numerosos estudios (véase el estudio de Cruz Roja)

3,5 millones, de los 6 millones de los actuales parados, son de larga duración. Cuanto más tiempo pasa un desempleado sin trabajo, más difícil tiene salir de esta situación, al tiempo que consume su derecho de prestación y subsidio contra el paro, con lo que corre el riesgo de perder esta protección. En este momento 1,9 millones de los parados que integran este colectivo lleva más de dos años en esta situación, por lo que están entre los que ya no tienen derecho a percibir una prestación contributiva.

Precisamente son éstos los que han perdido toda esperanza de encontrar un empleo, mientas que aquellos que todavía cobran algún tipo de prestación o subsidio se muestran esperanzados de poder encontrarlo, participando activamente en la búsqueda del mismo.

Para desgracia nuestra, el argumentario neoliberal no contempla este tipo de realidades, ni otro tipo de “explicaciones” que las aquí expuestas.  Prefiere violentar la realidad, plantear marcos de interpretación ridículos y simplistas (basados en “microhistorias” de dudosa credibilidad) , conscientes de que, a fuerza de repetirlos una y otra vez, irán calando en aquellos mismos a los que culpa de todos los males.

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Una respuesta to “El día a día del paro: entre el subsidio y la depresión”

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  1. De la “generación ni-ni”, a la generación “pa qué”. | Despuesdelasmusas's Blog - febrero 8, 2014

    […] recortes, privatizaciones (ataques en toda regla al Estado de Bienestar), ERES y paro… mucho paro (6 millones). Una tasa de paro que, en el caso de  los menores de 25 años, había roto techo llegando a la […]

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