De la “generación ni-ni”, a la generación “pa qué”.

7 Abr
Les hay a los que les gusta colgar “etiquetas” a todo lo que se menea. Esto de “poner etiquetas” es como poner “motes”, pero mucho más profesional (“¡dónde va usted a parar!”). Hasta hace bien poco, los jóvenes españoles eran encuadrados bajo el apelativo de  “Generación ni-ni“. Dicha denominación obedecía a lo que, según algunos, era un denominador común entre la juventud española: niñatos mal criados, sin oficio ni beneficio, queni estudian – ni trabajan”. ni ni web
La “gracieta” triunfó, como era de esperar, alcanzando gran popularidad en los ámbitos más insospechados (desgraciadamente, también entre aquellos que supuestamente conocen (o deberían conocer) a los jóvenes: sociólogos, pedagogos, educadores….). Daba la impresión de que a nuestros jóvenes nada les importaba, nada les motivaba, nada era capaz de arrancar de ellos el más mínimo entusiasmo, esfuerzo o compromiso.

Llegó la crisis, la recesión… Los bancos hicieron aguas (y no precisamente por su buena gestión). Inmediatamente mandaron un “SOS” al Estado y éste acudió raudo y veloz en su ayuda, llevando bajo el brazo el dinero de todos los contribuyentes. Como contrapartida, los bancos hicieron su peculiar “agosto”, “prestando el dinero prestado” a aquel que tan generosamente se lo había dado (el Estado), a cambio de un elavado tipo de interés. Un negocio redondo. Se esperaba que, de este modo, el crédito volvería a fluir en la economía.

Pero nada de esto pasó: los bancos cerraron el grifo del crédito (dinero) a familias y empresas, con lo que irremediablemente muchos negocios quebraron. El resto de la historia… es el pan nuestro de cada día: bajadas de sueldo, supresión de prestaciones sociales, recortes, privatizaciones (ataques en toda regla al Estado de Bienestar), ERES y paro… mucho paro (6 millones). Una tasa de paro que, en el caso de  los menores de 25 años, había roto techo llegando a la insoportable cifra del 55,7%.

Fue en este momento cuando tuvo lugar el milagro: aquellos mismos jóvenes “sin oficio ni beneficioa los que antes se ridiculizaba, ahora se les presentaba como la generación más y mejor formada de toda la historia de nuestro país, motivo por el cual se les “invitaba” a llevar con orgullo la “Marca España” más allá de nuestras fronteras; esto es: a largarse fuera, en busca de trabajo.

InexplicabMarina del corralles y extrañas razones, éstas que han cambiado de la noche a la mañana la percepción sobre la juventud española. Una verdadera irresponsabilidad la de estigmatizar a los jóvenes, queriendo ver en ellos lo poquito que nos deja ver una ridícula e injusta etiqueta, para acto seguido robarles su presente y poner en peligro su futuro. Enorme vergüenza para nuestros gobernantes quienes, en lugar de asumir su responsabilidad e incompetencia de cara a garantizar un derecho vital como es el tener un empleo digno, invitan a la toda una generación a emigrar (o, en el caso de la Secretaria General de Inmigración y Emigración, a dar rienda suelta a “su espíritu aventurero”).

Es por todo esto, por lo que ahora se habla de nuestros jóvenes como de la “generación perdida”.

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