No tomarás el nombre de “escrache” en vano.

23 Abr
publico 22_04_2013

Como si de un nuevo mandamiento de la ley de dios se tratase (sin lugar a dudas, el primero y principal, pues se refiere a cómo hay que designar, percibir e interpretar la realidad), el ministerio del Interior ha remitido a todas las comisarías y dependencias policiales una instrucción urgente en la que ordena a los agentes que dejen de utilizar el término “escrache”, cuando los destinatarios de este tipo de acciones sean representantes políticos y se refieran a ellas como acosos, amenazas y coacciones“.

Según reza el texto de la orden, difundida por el Sindicato Unificado de Policía (SUP), en “todas las comunicaciones, escritos y diligencias en las que se notifique que se han producido acosos, amenazas y coacciones a representantes políticos, dejará de utilizarse el término escrache“. Por lo tanto, a partir de ahora, nada de llamar “escraches” a los “escraches”.  En toda diligencia, minuta o nota informativa realizada por la policía sobre la práctica conocida como escrache, los agentes deberán utilizar otro tipo de términos ¿Cuáles? Interior propone varios, entre los cuales no se encuentran los de “seguimiento”, “manifestación pacífica” o “acto informativo“, sino otros considerados “más apropiados” como “acoso”, “amenazas” o “coacciones”.

A los ojos del Sindicato Unificado de la Policía (SUP), la medida supone un intento de criminalización masiva, puesto que “en un escrache, seguimiento o manifestación pacífica, puede haber o no coacciones, amenazas o acoso“. Por ello, piden a los agentes que “no imputen ningún acto delictivo sin poder demostrar que se ha cometido“, es decir, que esperen a que “el acosado, amenazado o coaccionado” presente la denuncia, porque no hay “garantía de protección jurídica” para los agentes, dado que “los denunciados” podrían denunciar por su parte a la Policía por “denuncia falsa”.

Una verdadera obra de ingeniería lingüística la aquí contemplada (mucho más elaborada, por cierto, que “la indemnización en diferido, en forma de simulación de lo que hubiera sido un finiquito“). Un acto de violencia contra esa “realidad ingrata y traicionera”, con la que se han de encarar día tras día nuestros dirigentes políticos, mediáticos y económicos, a fin de que  ésta se exprese y hable tan sólo en aquellos extrechos términos que les está permitido tolerar. Una muestra más de la perversión del lenguaje (otra más), orientada a “crear de la nada” unos marcos cognitivos en los que situar y encuadrar los hechos que percibimos, de cara a su “ortodoxa” interpretación y valoración.

Así pues, viva la “neolengua”; y, ¡por dios!: nada de tomar el nombre de “escrache” en vano.

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Actualización. El país 24/04/2013.

El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Gonzalo Moliner, defiende en una entrevista en la cadena SER que los escraches protagonizados la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) son “en tanto no sean violentos, un ejemplo de la libertad de manifestación”. Según Moliner, no se pueden “condenar de manera general” ya que dependen de las circunstancias en que se desarrolle cada uno.

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