La clase media como “creencia” en sentido orteguiano

9 May

9/5/2016

Según Ortega y Gasset el hombre necesita saber para orientarse en el mundo y acomodar el mundo a sus necesidades. No se puede vivir sin convicciones, sin interpretaciones del mundo. A este respecto, Ortega distingue dos tipos de convicciones o pensamientos: las ideas y las creencias. 

Mientras el término idea hace referencia a todos aquellos pensamientos que se nos ocurren acerca de la realidad o nosotros mismos, sobre los que discutimos y debatimos (por lo que van cambiando con el tiempo), las creencias, en tanto conjunto de convicciones que sustentan nuestra vida, “nos tienen a nosotros”, de modo que, cuando éstas nos abandonan, acudimos a las ideas para llenar su vacío. Es así como algunas ideas llegan a convertirse en creencias con el paso del tiempo.

Una de las grandes víctimas de la  “Gran Recesión” ha sido la “clase media” y, con ella, las creencias que el sentimiento de pertenencia a dicha clase acarreaba consigo. Veamos todo esto en palabras de Joaquín Estefanía.

estos años barbaros“El periodista Esteban Hernández, que ha escrito otro ensayo muy pertinente y más concreto sobre El fin de la clase media, defiende que la marcha atrás de las clases medias supone la ruptura de aquel pacto social, que  básicamente consistía en lo siguiente: quien cumplía las reglas del juego de una sociedad conseguía la estabilidad y la tranquilidad de conciencia. Si uno era bueno, progresaba. Eso se acabó. Casi todos los europeos se sentían de clase media, casi fuese cual fuese su nivel económico. La principal característica de pertenencia era la mentalidad citada: cumpliendo las normas, además de sentirse uno mejor, se llegaba muy lejos en la vida. Había que confiar en la eficacia de las instituciones sociales y en la capacidad de autocorrección del sistema: el mundo era relativamente sencillo y su idea dominante era precisamente que, si uno trabajaba duro y cumplía su parte, la vida le iba a ir bien. La clase media creía que una buena formación intelectual, la mejor educación universitaria, abría puertas, y la honradez y el trabajo abundante y bien hecho eran las mejores cartas de presentación. Con el esfuerzo personal calvinista y el progreso económico general se conseguiría que el nivel de vida mejorase con el paso de los años, que los hijos vivieran mejor que los padres, y que la realidad se aproximase progresivamente al ideal de vida escogido (…)

Pertenecer a las clases medias no sólo suponía un cierto nivel material y una posición simbólica satisfactoria sino también la creencia en una serie de ideas acerca del mundo en el que se vivía (…).  Ya sabemos que no ha sido así”

ESTEFANÍA, J., Estos años bárbaros, Galaxia Gutenberg, S. L., Barcelona 2015, pp. 242-243

j estefania clases medias

Artículo “No es la clase media, es la clase baja” (elpaís)

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