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Lavapiés y el reverso tenebroso de los delitos de odio

22 Mar

23/3/2018

¿Lenguaje del odio o lenguaje con odio?

Odiar y amar son sentimientos, no delitos (…)

Se equivocan quienes pretenden hacernos creer que el odio, de por sí, es un delito y que quien lo expresa, un criminal. No son las emociones ni los sentimientos lo que se juzga con los denominados, y tan de moda, “delitos de odio” (…) Parece que el hecho de expresar sentimientos hostiles hacia representantes públicos o políticos es motivo suficiente como para verse inmerso en ese proceso penal.

En los últimos meses nos hemos encontrado con sujetos que –lejos de pertenecer a uno de los colectivos que las declaraciones de derechos humanos califican como vulnerables por el color de su piel, su identidad de género, su origen, su orientación sexual, sus ideas…– trasladan a la opinión pública un mensaje distorsionado sobre lo que son los delitos de odio. En sintonía con esta distorsión y a partir de los incidentes de Lavapiés y la muerte por aclarar de Mame Mbaye, tenemos noticia de cómo diferentes sindicatos de la Policía Municipal de Madrid que han acudido a la Justicia dicen ser víctimas de un delito de incitación al odio.

 

(…) Ignoran yendo a esta vía legal, que la calumnia, los delitos contra el honor, las injurias e incluso el atentado contra la autoridad tienen su propia tipificación penal. Sin embargo, con este uso inadecuado dejan en el imaginario social una huella peligrosa de estigma hacía lo que representan quienes acusan como autores de esa incitación: la legítima rabia e indignación.

Olvidan quienes promueven estas denuncias que los delitos de odio no están para castigar sentimientos, actitudes vitales o modos de pensar (por muy reprochables que sean). Tampoco están para proteger su ‘integridad’ ni su ‘verdad’. Los delitos de odio están para salvaguardar a esos colectivos más vulnerables que sufren sistemáticamente la violencia que promueven o amparan las instituciones públicas por motivos prohibidos en las leyes. De hecho, Mame Mbaye pertenecía a uno de esos colectivos por el color de su piel y salir corriendo detrás de él por el solo hecho de ser mantero no se corresponde a lo que en derechos humanos entendemos por proteger.

En España vivimos un momento de gran confusión entre lo que es el ‘lenguaje del Odio’ y el ‘lenguaje con odio’. El primero, es la antesala de la violencia que se dirige a una persona por pertenecer a uno de esos colectivos vulnerables, y para su reconocimiento jurídico hacen falta mucho más que palabras. El segundo, es parte de la expresión de sentimientos que (como dice Antonio Damasio) representan la forma que tenemos los humanos de comunicar nuestros estados mentales. Con esta diferenciación no se trata de negar la influencia que tienen los sentimientos en la comisión de los hechos delictivos, pero sí se quiere no interferir en un derecho clave (el de la libertad de expresión) y no olvidar a quienes necesitan de una mayor y mejor protección ( los nadie).

Si lo que se juzga con los delitos de odio no es lo que se piensa y expresa sino las palabras y acciones que propagan, incitan, promueven o justifican el odio hacia alguien por el color de su piel, orientación sexual, religión, origen, identidad de género, etnia, situación económica, capacidades, género… ¿por qué hay miembros de la Policía Municipal de Madrid que se sienten legitimados como víctimas de este tipo penal? Son autoridad, no colectivo en situación de vulnerabilidad. ¿Acaso no tienen otra vía penal para reclamar lo que sienten que es justo? La tienen. Pero el argumento del discurso del odio tiene en este momento mucho más tirón para lograr atención.

(…) Si quienes ostentan una posición de autoridad o de poder pervierten el sentido de un instrumento legal que surgió para amparar a quienes necesitan de especial protección, se corre el riesgo de entrar en dinámicas que son, precisamente, las que se busca combatir con los delitos de odio: las de la arbitrariedad pública y discriminación injustificada que dan pie a las violaciones de derechos humanos.

No podemos aceptar que se persiga la rabia de luchar contra lo que nos indigna o nos oprime porque ese es (y ha sido) el sentimiento motor  detrás de muchas de las acciones colectivas pacíficas que nos han hecho avanzar en libertad e igualdad. Porque la rabia ante la injusticia es Dignidad.


Información sobre Rommy Arce  (viento sur)


Ver también entrada: “Urge reformar la Ley de Extranjería” 25/03/2018 (Anna Maria Pérez Oller  en Público)

 

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La decisión de Trump (Jerusalem como capital de Israel) ha provocado un estallido de violencia, que oculta el hecho de que son los israelíes los que están en una posición de completa superioridad. Los palestinos pueden manifestarse, hacerlo de forma pacífica o lanzando piedras u otro tipo de objetos a las fuerzas policiales y militares. La respuesta israelí siempre es implacable.

Los menores son detenidos de forma rutinaria en los territorios palestinos. Con independencia de lo que opinen sus padres y de las órdenes que reciban de ellos, los adolescentes y también muchos niños se lanzan a la calle para ser testigos de los enfrentamientos y manifestaciones y a veces para participar lanzando piedras. Pero la mayoría de los que participan de forma más arriesgada no son niños de 12-14 años, sino adolescentes de 15-18.

Si son detenidos, los menores comparecen ante los mismos tribunales que los adultos. Algunos acaban en prisión donde se ven obligados a convivir con adultos. Centenares de menores son detenidos cada año por militares y policías israelíes. La mayoría son atados o esposados cuando raramente están en situación de huir y están en clara inferioridad física frente a los soldados. Fácilmente intimidables, el 83% de los menores firma una confesión,según un informe de HaMoked y Btselem de octubre de este año.

En 2013, un informe de Unicef denunció que los malos tratos sufridos por menores palestinos a manos de militares eran “amplios, sistemáticos e institucionalizados”.

La organización israelí de derechos humanos Btselem ha difundido el vídeo de las detenciones a niños realizadas en Hebrón en un incidente ocurrido en octubre.

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