Tag Archives: CEOE

Economía: Demoledor informe de la UE contra la injerencia privada en el sector público – Público

31 Mar

31/3/2018

Recordemos en este punto cómo el presidente de la CEOE, Juan Rosell, lanzaba una invitación en el año 2013 a “acabar con esa batalla entre lo público y lo privado“, tendiendo de este modo una generosa mano al sector público para futuras (pasadas y presentes) colaboraciones. Palabras, las suyas en aquel entonces, que no tienen desperdicio.

Dentro vídeo.

 

Anuncios

¿LLevar casco o maletín?

20 Jun

Según el BCE, en España hay empresas con “beneficios excesivos“, lo que no se traduce en “sueldos excesivos” para sus trabajadores, a no ser que entendamos por tales a los ejecutivos de dichas empresas. Y es que la diferencia entre el sueldo medio de un alto ejecutivo (788 euros la hora) y el del empleado peor remunerado de la compañía (3,5 euros la hora) es una de las mayores de Europa.

Parece que la “crisis” le sienta muy bien a la grandes empresas, no hemos de olvidar que mientras los sueldos cayeron en el 2012 más de un 8%, según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), los beneficios empresariales aumentaron un 1,4%.

Por desgracia nuestro Gobierno, el adalid de la “austeridad”, está tan ocupado buscando algún “experto” que se preste a justificar el próximo expolio, que no es capaz de ver y atajar tanta desvergüenza.

Juan Rosell: “Hay que acabar con esa batalla entre lo público y lo privado”

28 May

Con estas palabras el presidente de la CEOE se despachaba a gusto con la sanidad y la educación (“públicas“, lógicamente), en el II Foro de Economía de El Mundo de Castilla y León celebrado hoy en Valladolid.

“Hay que evaluar los resultados de las grandes inversiones realizadas por la administración pública en sanidad y educación” (nos decía), no sólo porque “se ha gastado por encima de nuestras posibilidades“, sino porque dichas inversiones “no han dado resultados objetivos“. Como ejemplo de mala gestión sanitaria no se le ha ocurrido otra cosa que señalar el alto coste que supone la atención de “pacientes crónicos” (prueba clara e inequívoca de que la sanidad pública es ineficaz, cara e insostenible).

En relación a la educación, más de lo mismo: “habría que plantearse si  con esa ingente cantidad de dinero que dedicamos, estamos sacando resultados“.

Ante este panorama la solución pasaría, según el presidente, por una “industrialización de la sanidad y de la educación”, en una clara apuesta por la rentabilidad de las mismas y, ya de paso, “acabar con esa batalla entre lo público y lo privado.

Siendo de “letras” como soy, no puedo menos de sorprenderme ante manifestaciones de este tipo (algo de lo que, de paso, me alegro). Me sorprende la frescura con la que se mercantilizan derechos básicos. Me sobrecoge el desparpajo con el que se destierra del debate sobre la sanidad, todo aquello que tenga que ver con la “salud”, creando en su lugar un marco ilusorio y artificial, desde el que las únicas cuestiones relevantes y lícitas son aquellas que versan sobre la rentabilidad, el beneficio económico o los famosos “resultados”

¿A alguien se le escapa que los pacientes crónicos no son rentables? A las empresas dedicadas al negocio de la salud está claro que no; de  otro modo no se entendería la práctica de derivar sistemáticamente a los pacientes graves y/o crónicos a la sanidad pública ¿Será entonces que los ciudadanos aspiramos a convertirnos en “pacientes crónicos”? Si así fuera, sería lícito plantearse (como en su día hizo la viceconsejera de Asistencia Sanitaria madrileña, Patricia Flores) “si tiene sentido que un enfermo crónico viva gratis del sistema” Entonces, ¿qué hacemos con los enfermos no-rentables? (esta pregunta va dirigida al Señor Gallardón).

¿Desde cuándo la educación y la salud deben ser accesibles a los ciudadanos en función del resultado? ¿Qué “resultados” deben ser considerados realmente como tales y cómo  han de ser “evaluados” (qué criterios han de tenerse en cuenta)? ¿Desde cuándo la sanidad es un negocio (lo siento: esta pregunta es muy fácil de responder) y por qué ha de serlo?

Dejemos tanta pregunta a un lado y vayamos a las soluciones. El presidente de la CEOE lo tiene claro: hay que “industrializar la sanidad y la educación y acabar con la batalla entre lo público y lo privado“. Personalmente, creo que el sentido de estas afirmaciones queda mucho más claro si invertimos el orden de las mismas, con lo que la cosa quedaría más o menos así: hay que “acabar con la batalla entre lo público y lo privado, industrializando la sanidad y la educación“.

Para que no haya “conflicto” alguno entre lo público y lo privado, para que los servicios públicos no compitan deslealmente con la gran empresa, eliminemos toda asimetría existente actualmente entre ambos. Hagamos de los servicios públicos “empresas” eficientes, solventes y rentables. Para ello, dejemos la salud y la igualdad de oportunidades (educación) en manos de ávidos emprendedores, comprometidos en la obtención de “resultados”. Convirtamos lo que es de todos en empresas (privadas). Que sean éstas las que decidan qué criterios deben regular el acceso de los ciudadanos (clientes) a los derechos básicos, así como la amplitud de los mismos. Desterremos, de paso, el término “público” y busquemos fórmulas  innovadoras para superar la dualidad. No hablemos de “privatización”, sino de “titularidad”, “gestión”, “co-gestión”, “indi-gestión”, “externalización”…, dejando bien claro que buscamos el ahorro, la eficiencia, la calidad de los servicios, la excelencia…

Junto a esta noticia, la Cadena Ser nos adelantaba hoy un proyecto del Ministerio de Fomento por valor de 3.000 millones, de cara a nacionalizar las autopistas ruinosas de nuestro país. Grandes empresas que, incapaces de encontrar rentabilidad, eficiencia y “resultados” en su gestión, se ponen bajo el amparo de lo público, con el fin de ser rescatadas por el Estado.

No sé si es también a esto a lo que se refiere el señor Rosell, cuando propugna con vehemencia “acabar con la dualidad público-privado“. Es posible que la superación de la asimetría pase (una vez más) por privatizar los beneficios y hacer públicas las pérdidas.

Para unos, una de tantas contradicciones y cuentos neoliberales. Para otros, un ejercicio de imaginación y creatividad empresarial (y de responsabilidad política).

Carlos Floriano y Arturo Fernández nos adentran en el mundo de la lógica formal.

19 Feb

Carlos Floriano, vicesecretario de Organización del Partido Popular:

El Estatuto de los Trabajadores ampara los derechos de los trabajadores.   Jesús Sepúlveda es un trabajador de esta casa (“funcionario del PP”).  Por lo que el PP no puede despedir a Jesús Sepúlveda.

Una de las distinciones fundamentales en  lógica, es la que se establece entre “validez” o “verdad formal” de un argumento y “verdad material”.  Un razonamiento es formalmente válido cuando la conclusión se deriva o infiere correctamente de las premisas. En este sentido, lo determinante para saber si es “verdadero” o no (desde un punto de vista formal) es la forma o estructura del argumento, no el contenido (esto es: si lo que afirma o niega, se ajusta o no a los hechos).

¿Tenemos aquí un razonamiento formalmente válido o tan sólo es válido en apariencia? De la información contenida en las premisas, ¿se deriva necesariamente la conclusión?

Carlos Floriano sostiene, a modo de conclusión, que “el PP no puede despedir a Jesús Sepúlveda”, partiendo de lo expuesto en las premisas. Pero, por muy “funcionario de esta casa” que sea el “ex” de nuestra ministra de Sanidad (doña Ana Mato), el argumento no deja de ser una verdadera chapuza, dado que la conclusión no se infiere correctamente de las premisas, sino que va más allá (mucho más allá).

Si Carlos Floriano hubiera querido ser fiel a las reglas de la argumentación (en lugar de pretender a toda costa lavar la imagen de su partido), hubiera formulado su argumento de la siguiente manera:

Si el estatuto de los trabajadores ampara los derechos de los trabajadores y Jesús Sepúlveda es un trabajador, entonces a Jesús Sepúlveda le ampara el Estatuto de los Trabajadores.

Pero esto supondría reconocer que el señor Sepúlveda sigue cobrando del PP (a pesar de tener asuntos turbios con la justicia), “porque es del PP”.

Todo esto nos lleva a una segunda consideración: si bien el argumento de Floriano es formalmente falso, parece que no lo es, si nos atenemos a la “verdad material”: es verdad (a juzgar por el empeño que pone el vicesecretario de Organización en defender la situación laboral del ex alcalde de Pozuelo) que el PP no puede (y no quiere) despedir a Jesús Sepúlveda”.

En conclusión: el argumento del señor Floriano no tiene consistencia alguna, formalmente hablando.

PD.: Ni que decir tiene que, al ser informada la dirección de Partido de tal desliz intelectual, rectificó de forma rauda y veloz, poniendo de patitas en la calle al buen trabajador. Una verdadera lástima, teniendo en cuenta que éste ya no podrá trabajar desde su casa elaborando informes para el PP; unos  informes que, por otra parte, nadie en el partido sabe en qué consisten, ni siquiera si alguien se los pide o incluso si realmente existen. Esperemos que, con lo que le quede del paro y con los 500.000 euros que presuntamente ha sacado de la trama Gürtel, le dé para llegar a fin de mes.

Veamos ahora un ejemplo más, en el que verdad formal y verdad material no van de la mano.

El vicepresidente de la patronal CEOE, don Arturo Fernández, tras enterarse por los medios de comunicación de que en sus empresas parte del sueldo de los trabajadores se paga “en negro”, comentó lo siguiente

“No sólo no sé nada, sino que no es una práctica en esta empresa (…). Nunca hemos tenido una denuncia, sino que se han hecho, por supuesto, inspecciones comunes en donde ha habido irregularidades, como en todas las empresas, que se han subsanado. Y punto.”

Analicemos las palabras del “número dos” de la patronal, llevándolas al campo de la argumentación. Quizás no esté en lo cierto, pero me da la impresión de que Arturo Fernández basa su defensa en el supuesto de que “en todas las empresas hay (o se cometen) irregularidades”. “Y punto”.

“Todas las empresas comenten irregularidades. Arturo Fernández tiene empresas. Luego en las empresas de Arturo Fernández hay (o se comenten) irregularidades”.

El argumento, así expuesto, es válido o verdadero desde un punto de vista formal. Pero si del contenido se trata (su aspecto material), no parece que lo sea. Dejar “caer” que todas las empresas cometen irregularidades, para justificar de este modo sus presuntas prácticas ilegales (pagos en negro), no sólo no es cierto (verdad material), sino que además es injusto y peligroso.

No es de extrañar que ciertas voces del mundo empresarial (Confebask) se hayan apresurado a pedir que “dé un paso atrás” ¿Será esto la antesala de su dimisión ? ¿Tan unido está Arturo Fernández al ex presidente de la CEOE, el señor Díaz Ferrán, que quiere emular sus pasos (siempre, presuntamente hablando)?