Tag Archives: libertad expresión

Valtonyc huye de España para evitar su inminente entrada en prisión – Público

23 May

23/5/2018

http://m.publico.es/sociedad/2044929/valtonyc-huye-de-espana-para-evitar-su-inminente-entrada-en-prision

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La libertad de expresión y el juego de la cuerda

16 May

16/5/2018

Excelente artículo de Isaac Rosa. Conversación simulada (en “diferido”) entre ministro y fiscalía, acerca de la falta de libertad de pensamiento, disensión, crítica y expresión en nuestros días.

 “La libertad de expresión es como el juego de la cuerda, ese de dos equipos tirando cada uno por un extremo. Si ellos tiran fuerte, la consiguen alargar por su lado. Si aflojan, somos nosotros los que les recortamos metros. Así ha sido siempre con todos los derechos y libertades, que no son fijos ni absolutos, están en permanente disputa y negociación, día a día. Pero especialmente con la libertad de expresión: nosotros tiramos siempre, nosotros nunca aflojamos; y si ellos no sujetan fuerte, los arrastramos hacia acá. La libertad de expresión nunca es ilimitada (como ninguna libertad, vaya), y en cada país y época tiene unos límites, que se fijan según la fuerza con que tire cada lado“.

Por alusiones (y solo por ello).

Federico Jiménez Losantos, el periodismo de la infamia | ctxt.es

15 Abr

15/4/2018

http://ctxt.es/es/20180411/Politica/18983/PabloMM-Jimenez-Losantos-Baviera-11M-Podemos.htm#.WtIvyYjsfcc.twitter

PRESOS POLÍTICOS: La fuerza del Estado de la fuerza – Público

24 Mar

24/3/2018

Ana Pardo de Vera.

“”La fuerza del Estado” se invoca, sobre todo, desde las cargas policiales del 1-O (la única violencia y que Llarena omite) como una cuestión de fe (“¿A quién se le ocurre desafiar al Estado?”) Como si el Estado fuera una deidad patria inamovible, intachable, incorrupta e inmutable en lugar de un conjunto de instituciones, poderes y leyes conformadas durante 40 años por seres humanos con mejor o peor intención, con mayor o menor acierto, pero imperfectos en todo caso y nunca atemporales.

La decisión de Llarena, sus argumentos políticos y profundamente ideologizados en el sentido opuesto al independentismo (que no es la unidad, sino la uniformidad y negación de la diferencia territorial, entre otras), no constituyen “la fuerza del Estado”, sino el Estado de la fuerza de un sistema que adaptó la dictadura a una democracia limitada y conformada por una red de poderes que buscan su supervivencia, empezando por la monarquía inútil y terminando por un parlamento configurado gracias a una ley electoral obsoleta que no responde ante la sociedad sobre la que legisla.

Ver en el independentismo el gran problema del Estado -de este Estado de la fuerza- es un error de luces cortas que nos deja indefensos ante esa red de poderes enquistados y corrompidos dispuestos a perpetuarse como sea. El independentismo, de hecho, solo es uno de los objetivos a abatir por “la fuerza del Estado” de la fuerza””.


En este punto, termina el artículo. Pero cabría identificar otros muchos objetivos a “abatir” por ese “Estado de la fuerza”. Por ejemplo todo atisbo de crítica o disenso por parte de artistas, humoristas, twiteros, internautas anónimos, titiriteros, raperos…, así como toda protesta social, más o menos organizada, canalizada a lo largo de estos años por movimientos ciudadanos como el 15M, la PAH, las “mareas” y plataformas creadas en defensa de servicios públicos…

En la misma línea, un Estado así caracterizado, asume como objetivo irrenunciable el de intervenir ante cualquier posible freno o limitación a los beneficios de los “grandes”: “sus” grandes. Para ello no duda en aniquilar derechos básicos de los trabajadores (llevando a cabo “reformas” “laborales”, “fiscales”, “mentales”…), como tampoco duda en vaciar la hucha de los pensionistas, “rescatar” bancos y autopistas (que no las vidas de esos refugiados que se ahogan en el mediterráneo) y/o trocear servicios públicos (sanidad, educación, pensiones…) con el fin de repartir las porciones entre sus golosos amigos.

Independientemente de que los enemigos a abatir por ese “Estado de la fuerza” sean independentistas, trabajadores o el mismo modelo de Estado de Bienestar, la lógica para conseguir su aniquilación es la misma: fabricar distorsiones (falsear la realidad) e infundir todo tipo de miedos en los ciudadanos.

Quizás haya que pensar que el miedo no es un error en el sistema (algo a combatir o erradicar), sino un elemento esencial para el funcionamiento “correcto” de un sistema (el capitalista), profundamente injusto y desigual. Porque, ¿sería posible que un sistema como el actual perviviera sin tantos “miedos” (y sin consumo)?