Tag Archives: Mitos

Así es como consiguen los hijos de la élite que los contraten en trabajos de élite

4 Feb

4/2/2017

Lo que ya se sabía (por lo menos, algunos lo sabían), se intuía y olía. Lauren A. Rivera, profesora de management de la Universidad de Kellogg, responde en su libro “Pedigree”, a la pregunta de por qué los hijos de la élite obtienen los mejores trabajos, mientras que los descendientes de las clases bajas y medias tienen que conformarse con empleos peor remunerados y con mucho menos poder (una situación que se reproduce generación tras generación).

Un artículo que desenmascara los mitos, ensoñaciones y relatos neoliberales que alimentan el engranaje económico y sociopolítico en el que nos encontramos (a pesar de que se centra en EEUU, muchas de sus enseñanzas pueden aplicarse a todas las sociedades occidentales).

pedigree

 

 

Miya Tokumitsu y el “mito del amor al trabajo”

2 Feb

2/1/2017

Entrevista a Miya Tokumitsu en CTXT, en la que desgrana el mito del amor al trabajo. Ahí va un adelanto del artículo:

Los mitos tienen un propósito social. ¿Qué papel juega este en nuestra cultura?

El propósito, parafraseando a Kathi Weeks, es hacer que los trabajadores acepten su propia explotación y precariedad. La clave del ‘trabaja en aquello que amas’, es el énfasis en el tú. Si el trabajo produce frustración o dificultad, es tu culpa, y no se debe a las leyes laborales o al mercado de trabajo injusto. Al convertir cada frustración es un problema personal, la respuesta es la autosuperación en lugar de la acción colectiva o política.

 

Por qué las niñas se creen menos brillantes que los niños

29 Ene

29/1/2016

Huffintong post

Las niñas que querían ser adultas: embarazo adolescente y amor romántico

1 Ene

1/1/2017 (pikaramagazine)

El capitalismo “mata”

2 Mar

Artículo de Fernando García-Quero en eldiario.es.

la economia mata

Me alegra mucho que el Papa Francisco haya denunciado públicamente hace escasos meses  lo que muchos y muchas economistas críticos llevan diciendo durante muchas décadas: “Esta Economía mata, porque predomina la ley del más fuerte. El dinero debe servir y no gobernar”. Me gustaría en este breve artículo matizar la afirmaciones del Papa para poner nombres y apellidos a la que el pontífice llama “esta Economía” y explicar a través de un ejemplo y de manera muy sencilla por qué la afirmación del Papa no es en absoluto demagógica, falsa, ni exagerada, sino que es simple y llanamente verdad.

“Esta Economía” es la denominada comúnmente como Economía convencional, ortodoxa, neoclásica, neoliberal, capitalista, de oferta y demanda, de mercado, del tener, etc. Orientación de la ciencia económica que domina la mayor parte de los planes de estudio y de las facultades de Economía del mundo. Orientación generalmente asumida como válida por estudiantes, académicos, gobiernos y sociedades contemporáneas. Para “esta Economía”, cuyos fines principales son la acumulación al mayor ritmo posible de los factores productivos capital, trabajo y tecnología, la buena marcha de un país quedará reflejada en su nivel de crecimiento económico. Las buenas políticas, las buenas instituciones y las buenas actuaciones en materia económica son aquellas que hacen crecer el Producto Interior Bruto#.

En “esta Economía” el mercado se define como el ámbito en el que compradores (demanda del producto) y vendedores (oferta del producto) acuerdan las cantidades (producción vendida) y los precios (precio de venta) de cualquier bien y servicio (ver gráfico). Para alcanzar un resultado adecuado desde el punto de vista individual y social, todas las decisiones relativas al “qué” producir, “cómo” producir y “para quién” producir, tienen que tomarse a través del mercado. En “esta Economía”, cuando individuos, familias, organizaciones, empresas y organismos públicos se ponen en contacto libremente en el mercado, el mecanismo de precios lleva a una situación óptima para los seres humanos. Esta situación se alcanza asumiendo determinadas condiciones sobre el mercado, la agencia humana y la interacción entre agentes económicos. Existe un elevado número de vendedores y compradores, de modo que ninguno tiene poder para influir en el precio de venta del producto. Los productos o servicios intercambiados son homogéneos. Los consumidores y los productores  están plenamente informados sobre todo lo que concierne a las transacciones. Las personas actúan como si de  homo oeconomicus se tratasen, actuando bajo racionalidad perfecta, conducta maximizadora y comportamiento egoísta, etc, etc.

Quizás sea muy legítimo defender “esta Economía” y posicionarse a favor de ella, al igual que uno o una se posiciona a favor de un equipo en un partido de fútbol. Sin embargo, los y las que lo hacen deben saber, y no pasar por alto, que “esta Economía” no es objetiva ni neutral y las condiciones de las que parte y he mencionado anteriormente no existen. “Esta economía” parte de abstracciones para crear una realidad artificial y falsa que no se sostiene en los hechos. Por lo tanto, cualquier intento de posicionarse en su favor no es más que un posicionamiento ideológico cuyas consecuencias no son ni mucho menos las mismas que las de animar al Madrid cuando juega contra el Barcelona.

Las consecuencias de apoyar en algunos casos las políticas que se desprenden de pensar que la economía es “esta Economía” (privatizaciones, liberalizaciones, desregulaciones, etc.) son desgraciadamente que la gente muere. Sí, muere, así de simple y de duro. Como decía José Luis Sampedro de manera muy sutil, pero gráfica: “la economía de la oferta y la demanda crea colas de invisibles, colas de demandantes que al no tener suficiente dinero para pagar el precio de venta nunca podrán adquirir el bien o el servicio ofertado”. Y como digo yo en mis clases de Economía Política, si de lo que se trata en esa transacción es de comprar un coche de lujo o un viaje a París, pues no pasa mucho (aunque animo a todo el mundo a ver París al menos una vez en la vida). Sin embargo, si de lo que se trata es de comprar pan, medicinas o agua, la gente que no puede participar en ese mercado tiene la mala suerte de morir. Qué le vamos hacer, así somos los seres humanos, tenemos la extraña costumbre, aunque “esta Economía” no lo vea, de alimentarnos todos los días. Nuestras cosillas y rarezas, ya saben ustedes.

Trabajamos con imágenes.

la ley del mercado

  • ¿Qué relación encuentras entre el artículo anterior y la presente imagen?
  • Interpreta el dogma liberal del “mercado perfecto” de la teoría y contrástalo con el “mercado imperfecto” de la realidad. Busca ejemplos concretos en el que dicho “mercado perfecto” no lo sea tanto.
  • Lee la primera parte del breve libro de José Luis Sampedro, “El mercado y la Globalización” e identifica el funcionamiento real del libre mercado.
  • Por último, revisa el siguiente enlace y comenta alguno de los “cuentos neoliberales” de los que se habla.

El trabajo con la imagen puede servir para las materias de Filosofía y ciudadanía de 1º de Bachillerato (Temas: Sociedad, Estado de Bienestar, Democracia…) y de Historia de la Filosofía (por ejemplo, para desarrollar el pensamiento de Marx).

Mitos y dogmas (neoliberales): bajar los salarios para salir de la crisis.

14 Ago

Vicenç Navarro: “¿Bajar los salarios para salir de la crisis?” (Público, 14 de Agosto del 2012).

Del mito al logos y, de éste, a los mercados.

28 Jul

¿Quién sale ganando con una prima de riesgo desbocada (ese fatídico índice que, sin ir más lejos, días atrás alcanzaba los 640 puntos básicos)?

Quien más y quien menos respondería a la pregunta señalando como grandes beneficiarios a los “mercados“. El problema es que, ir más allá y precisar qué o quién está detrás de los  temidos “mercados”, no es cosa fácil o… ¿quizás sí?

Si meses atrás (allá por el 21 de noviembre) hubiésemos formulado la pregunta a nuestros clarividentes dirigentes políticos, con toda seguridad nos hubieran respondido diciendo que los “mercados” son aquellos que nos prestan el dinero para que el país no se paralice. Intrépidos emprendedores e inversores que arriesgan su capital para el sostenimiento de los “servicios públicos” (coletilla ésta, que siempre queda muy bien), por lo que, de no ser por su inestimable “generosidad”, todo se vendría abajo. En este contexto, si la prima de riesgo subía, se nos decía que se debía a la ineptitud de un tal José Luis Rodríguez Zapatero.

Ni que decir tiene que esta visión de las cosas (propia de un partido que se jactaba de hacer una oposición seria y responsable, teniendo siempre en mente el interés de –su– España) fue abandona al día siguiente de llegar el señor Rajoy al gobierno: el mismo día (para más señas) en el que se enteró de la existencia de Europa, de Merkel, del BCE y del FMI (ver “Los seis meses del gobierno de Rajoy en un gráfico“). Pero dejemos a un lado este tema y volvamos a lo que nos ocupa: los mercados.

No hay que ser muy avispado para percatarse del enorme prestigio (y poder) que gozan en nuestros días los llamados “mercados”. En su papel de Supremos gestores y rectores del mundo, los mercados son objeto de devoción por parte de economistas, agencias de calificación y gobiernos de todo signo político. Curiosamente sus actuaciones se enmarcan siempre en un halo de misterio y temor reverencial, como si de los viejos dioses del Olimpo se tratase, lo que les sirve para reafirmar su carácter absoluto y trascendente. Alejados de la ciudadanía y ajenos a las vicisitudes de sus fieles más débiles (trabajadores, desempleados, jóvenes que no pueden acceder a un puesto de trabajo, jubilados, enfermos, dependientes…) , demandan una y otra vez obediencia pronta y ciega.

Atrincherados en su particular Olimpo (FMI, Bundesbank…), su relación con los mortales es siempre fría y distante, sus mensajes confusos y su voluntad, cuando menos, caprichosa. Es por esto que, interpretar la voluntad de los mercados, no es cosa fácil.

Los “autorizados” para ello suelen ser “economistas reputados”, analistas financieros o “políticos audaces”, adiestrados en el difícil arte de la adivinatoria.

Ellos son los verdaderos “Sacerdotes” de nuestro tiempo y, como a tales, la ciudadanía les debe obediencia y veneración. Como señala Éric Toussaint, “cada día, en todas las casas del mundo que tienen televisión o internet, se celebra una misa dedicada al dios Mercado durante la difusión de la evolución de las cotizaciones de la Bolsa y de los mercados financieros (en nuestro caso: la evolución de la prima de riesgo). El dios Mercado envía sus señales a través del comentarista financiero de la televisión o de la prensa escrita (…) En todas partes, han creado la ilusión de que la población podría participar directamente de los ritos del mercado (mediante la compra de acciones) y que como contrapartida se beneficiaría si interpretaba correctamente las señales enviadas por el dios Mercado

Entregados por entero a su vocación, estos sacerdotes nos  hacen saber fiel y puntualmente si “la desconfianza” reina en el Olimpo o si, por el contrario, predomina la calma (señal inequívoca de que los dioses del mercado gozan de buena salud).

Gracias a sus oráculos hemos aprendido que a “los dioses” no les sienta nada bien el “nerviosismo” y que, cuando esto ocurre, “nos castigan” disparando (por ejemplo) la prima de riesgo.  También sabemos que su voracidad no tiene límite, que se alimentan de recortes, subidas de impuestos (IRPF e IVA) y “ajustes”,  razón por la cual exigen una y otra vez que los gobiernos sacrifiquen el bien más preciado de los ciudadanos: sus derechos económicos, sociales y culturales.

Dioses celosos, caprichosos, impredecibles y voraces son los mercados. Triste suerte para la democracia y sus ciudadanos, condenados día tras día a la inanición por unos gobiernos rendidos a sus exigencias. Políticos ávidos de poder que olvidan el pacto contraído con la sociedad y ponen todo su empeño en cumplir las demandas de lo que llaman “mercado”, a sabiendas de que ninguna medida tomada o por tomar, puede aplacar su sed de sangre.

Una vuelta en toda regla al lenguaje mítico en plena era de la información. Un discurso éste, utilizado por economistas, analistas políticos y gobiernos de todo signo, para secuestrar el “logos” e impedir el debate del discurso público. Un modo más refinado, si cabe,  de mantener desinformada a la ciudadanía a fin de someterla a un miedo irracional e injustificado.

Tenía razón don Mariano Rajoy cuando se comprometía a “hacer las cosas como dios manda“. En esto no ha traicionado a la ciudadanía (debe ser en lo único). Ahora sabemos que el “dios” al que venera y secunda, al dios al que se refería,  no es otro que el del “dinero”.

Gloria y honor a los Mercados.

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