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Del mito al logos y, de éste, a los mercados.

28 Jul

¿Quién sale ganando con una prima de riesgo desbocada (ese fatídico índice que, sin ir más lejos, días atrás alcanzaba los 640 puntos básicos)?

Quien más y quien menos respondería a la pregunta señalando como grandes beneficiarios a los “mercados“. El problema es que, ir más allá y precisar qué o quién está detrás de los  temidos “mercados”, no es cosa fácil o… ¿quizás sí?

Si meses atrás (allá por el 21 de noviembre) hubiésemos formulado la pregunta a nuestros clarividentes dirigentes políticos, con toda seguridad nos hubieran respondido diciendo que los “mercados” son aquellos que nos prestan el dinero para que el país no se paralice. Intrépidos emprendedores e inversores que arriesgan su capital para el sostenimiento de los “servicios públicos” (coletilla ésta, que siempre queda muy bien), por lo que, de no ser por su inestimable “generosidad”, todo se vendría abajo. En este contexto, si la prima de riesgo subía, se nos decía que se debía a la ineptitud de un tal José Luis Rodríguez Zapatero.

Ni que decir tiene que esta visión de las cosas (propia de un partido que se jactaba de hacer una oposición seria y responsable, teniendo siempre en mente el interés de –su– España) fue abandona al día siguiente de llegar el señor Rajoy al gobierno: el mismo día (para más señas) en el que se enteró de la existencia de Europa, de Merkel, del BCE y del FMI (ver “Los seis meses del gobierno de Rajoy en un gráfico“). Pero dejemos a un lado este tema y volvamos a lo que nos ocupa: los mercados.

No hay que ser muy avispado para percatarse del enorme prestigio (y poder) que gozan en nuestros días los llamados “mercados”. En su papel de Supremos gestores y rectores del mundo, los mercados son objeto de devoción por parte de economistas, agencias de calificación y gobiernos de todo signo político. Curiosamente sus actuaciones se enmarcan siempre en un halo de misterio y temor reverencial, como si de los viejos dioses del Olimpo se tratase, lo que les sirve para reafirmar su carácter absoluto y trascendente. Alejados de la ciudadanía y ajenos a las vicisitudes de sus fieles más débiles (trabajadores, desempleados, jóvenes que no pueden acceder a un puesto de trabajo, jubilados, enfermos, dependientes…) , demandan una y otra vez obediencia pronta y ciega.

Atrincherados en su particular Olimpo (FMI, Bundesbank…), su relación con los mortales es siempre fría y distante, sus mensajes confusos y su voluntad, cuando menos, caprichosa. Es por esto que, interpretar la voluntad de los mercados, no es cosa fácil.

Los “autorizados” para ello suelen ser “economistas reputados”, analistas financieros o “políticos audaces”, adiestrados en el difícil arte de la adivinatoria.

Ellos son los verdaderos “Sacerdotes” de nuestro tiempo y, como a tales, la ciudadanía les debe obediencia y veneración. Como señala Éric Toussaint, “cada día, en todas las casas del mundo que tienen televisión o internet, se celebra una misa dedicada al dios Mercado durante la difusión de la evolución de las cotizaciones de la Bolsa y de los mercados financieros (en nuestro caso: la evolución de la prima de riesgo). El dios Mercado envía sus señales a través del comentarista financiero de la televisión o de la prensa escrita (…) En todas partes, han creado la ilusión de que la población podría participar directamente de los ritos del mercado (mediante la compra de acciones) y que como contrapartida se beneficiaría si interpretaba correctamente las señales enviadas por el dios Mercado

Entregados por entero a su vocación, estos sacerdotes nos  hacen saber fiel y puntualmente si “la desconfianza” reina en el Olimpo o si, por el contrario, predomina la calma (señal inequívoca de que los dioses del mercado gozan de buena salud).

Gracias a sus oráculos hemos aprendido que a “los dioses” no les sienta nada bien el “nerviosismo” y que, cuando esto ocurre, “nos castigan” disparando (por ejemplo) la prima de riesgo.  También sabemos que su voracidad no tiene límite, que se alimentan de recortes, subidas de impuestos (IRPF e IVA) y “ajustes”,  razón por la cual exigen una y otra vez que los gobiernos sacrifiquen el bien más preciado de los ciudadanos: sus derechos económicos, sociales y culturales.

Dioses celosos, caprichosos, impredecibles y voraces son los mercados. Triste suerte para la democracia y sus ciudadanos, condenados día tras día a la inanición por unos gobiernos rendidos a sus exigencias. Políticos ávidos de poder que olvidan el pacto contraído con la sociedad y ponen todo su empeño en cumplir las demandas de lo que llaman “mercado”, a sabiendas de que ninguna medida tomada o por tomar, puede aplacar su sed de sangre.

Una vuelta en toda regla al lenguaje mítico en plena era de la información. Un discurso éste, utilizado por economistas, analistas políticos y gobiernos de todo signo, para secuestrar el “logos” e impedir el debate del discurso público. Un modo más refinado, si cabe,  de mantener desinformada a la ciudadanía a fin de someterla a un miedo irracional e injustificado.

Tenía razón don Mariano Rajoy cuando se comprometía a “hacer las cosas como dios manda“. En esto no ha traicionado a la ciudadanía (debe ser en lo único). Ahora sabemos que el “dios” al que venera y secunda, al dios al que se refería,  no es otro que el del “dinero”.

Gloria y honor a los Mercados.

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Artículos de interés:

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Malas opciones: rescate total, salida del euro o ser rescatados para después salir del euro

24 Jul

S. Horse (24 de julio del 2012) en Zona crítica.

De cómo la factura a pagar podría duplicarse en el caso de que España fuera rescatada y necesitara salir posteriormente del euro (lectura del artículo).

Un análisis que contrasta con las últimas declaraciones del Gobierno en esta materia (De Guindos afirma que España no será rescatada, al mismo tiempo que pide “actuar contra la irracionalidad de los mercados“), afirmaciones que lejos de transmitir confianza, nos hacen temer lo peor.

Centrándonos en los problemas de financiación (la prima de riesgo alcanzó ayer los 642 puntos básicos),  llama nuevamente la atención que el señor Luis de Guindos eche la culpa de esta situación a la “irracionalidad de los mercados“, cuando meses atrás (durante el gobierno socialista) la subida de la prima de riesgo se debía a la desconfianza que Zapatero generaba en los mercados (véase: “Historia de un olvido: de la niña de Rajoy a la prima de riesgo“).

A la luz de todo esto, convendría recordar las palabras de nuestro presidente en la campaña electoral (15-XI-2011):

 “España es una gran nación, queremos opinar, participar y no que nos manden y nos den órdenes”. “Es que es así, si digo lo que piensa todo el mundo”.

“Este partido, una vez más, va a dar la talla, sea cual sea la herencia, que es la que sabemos–. Y a partir de ahí estaremos en el Gobierno para resolver los problemas, para mirar al futuro y olvidarnos del pasado, que es lo que quieren los españoles”

Historia de un olvido: de la “niña de Rajoy” a la “prima de riesgo”.

20 Jun

Me he levantado esta mañana pensando qué fue de la “niña de Rajoy“.

¿Lograría entrar en la Universidad? ¿Acabaría con éxito su carrera? ¿Engrosará, como el 50% de los jóvenes españoles, las listas del paro o será de aquellos a los que la reforma laboral ha enviado a Laponia?

Reconozco que no dejo de darle vueltas al asunto, aunque lo que realmente me inquieta es saber si, como decía su PP (= Padre Putativo), tendrá suficiente humor como para sentir a estas alturas “un hondo orgullo por ser española, por pertenecer a esa nación… que le habrá ofrecido las mejores oportunidades” (cito literalmente) y si, de paso, habrá logrado superar su adicción a las “chuches” (aquí, estoy improvisando).

El caso es que el tiempo ha pasado y el vacío dejado por la “niña de Rajoy” (de la que no supimos ni tan siquiera su nombre) ha sido ocupado por la “Prima de Riesgo“:  un ser cuasi diabólico emparentado (muy a nuestro pesar) con todos y cada uno de los españoles. Un animal voraz que no ha parado de crecer y crecer, alimentado (entre otras cosas) por reformas y recortes sociales.

Pero, ¿quién es esta “Prima nuestra”?  Que me perdonen los entendidos en la materia. Yo, como soy de letras, me veo forzado a hacer un poco de historia para situarme en todo esto.

En marzo de 2008, tras la segunda victoria de Zapatero, la prima de riesgo era poco menos que un  “cigoto” que rondaba los 28,4 puntos. Aunque parezca increíble, han leído bien: 28,4 puntos.

Tomen aire: seguimos. En este momento, la tasa de paro en España era del 9,63% y todo (el “ladrillo” y los “bancos”) marchaba viento en popa. Nueve meses después (año 2009), la criatura comenzó a dar las “primeras pataditas“, creciendo hasta los 125,4 puntos, llegando a alcanzar (el  29 de septiembre de 2010) los 195,7.

Fue entonces cuando la actual vicepresidenta (Soraya S. de S.) tuvo la genial idea de bautizar a “nuestra prima” con un nombre muy simpático:

“El problema de José Luis Rodríguez Zapatero no es que los españoles no confíen en él, como dicen las encuestas. Es que la prima de riesgo en nuestro país se llama José Luis Rodríguez Zapatero(SS de S, 24 de noviembre de 2010)

Me imagino que muchos en las filas del Partido Popular aplaudirían la idea como un derroche de genialidad. La prima de riesgo había sido apadrinada y, por fin, tenía nombre y apellidos (no así la “niña de Rajoy”).

Pasó el tiempo… Las elecciones autonómicas de mayo del 2011 dieron una mayoría abrumadora al PP. Mientras, la “prima” (esto es, “José Luis Rodríguez Zapatero”) seguía creciendo.

Meses después,  las elecciones del 20-N confirmaron (esta vez sí) lo que decían las encuestas: la llegada del PP al gobierno con mayoría absoluta.  En palabras de sus dirigentes, se abría un nuevo tiempo en el que, según Rajoy 5 días antes en Santander, la desconfianza y los altos costes de financiación (prima de riesgo) serían cosa del pasado y España recuperaría la credibilidad perdida ante los mercados. 

Como era de esperar, los “mercados” tomaron buena nota de todo ello: el 21 de noviembre (el día posterior a las elecciones) la prima de riesgo subió  hasta los 463,8 puntos, algo fácil de entender si tenemos en cuenta que “la prima de riesgo” por aquel entonces seguía llamándose “Zapatero” (o también, “herencia socialista”).

Hace dos días (el 18 de junio) nuestra querida amiga batió todo récord, ascendiendo hasta los 590 puntos básicos, lo que desató todas las alarmas (cuando Grecia fue rescatada el 23 de abril de 2010,  la prima de riesgo helena se situaba en 580 puntos básicos).

La reacción del gobierno fue, cuando menos, “interesante”. Nuestra vicepresidenta ya había adelantado unos días antes que la prima de riesgo no encarece la deuda para el Estado, lo que hace es determinar cómo está la compra y venta de la deuda española entre inversores privados” (Soraya S de S).

Traducido: cuando el gobierno estaba en manos de los socialistas, la prima ( = “Zapatero”), representaba una amenaza para nuestro país. Ahora que el ejecutivo está en manos del PP, es un asunto intranscendente y sin apenas importancia (“disquisiciones irrelevantes, entre economistas y gentes de reputación dudosa“).

Sin lugar a dudas, pronunciamientos en este sentido transmiten seguridad a la ciudadanía y, cómo no, a los mercados.

Por su parte, el Vicesecretario de Organización del PP, Carlos Floriano, el mismo día 18 ofreció una rueda de prensa para ayudarnos a hacer una lectura correcta, acerca de esta “subida puntual” de la prima de riesgo.

El problema que tenemos (los 590 puntos de la prima) es del euro, del euro, del euro”,  por lo que “las instituciones de la Unión deben avanzar y dar mensajes claros de avance hacia la integración fiscal y financiera (…). En ese momento no habrá ataques contra nadie” (Carlos Floriano).

Realmente decepcionante.

Resulta que el problema ahora es el Euro (¿desde cuándo?). Ninguna mención a la “herencia socialista”, ni a “ZP”. Un cambio radical de escenario y de actores: Europa y el Euro como factores fundamentales a la hora de entender el tratamiento de la crisis y la reacción de los mercados, en relación a la prima de riesgo.

Nuestra querida Prima de riesgo ha perdido sus señas de identidad, sin la más mínima justificación. Ya no se llama “ZP”. Simplemente, ya no tiene nombre… como la “niña de Rajoy”.

Reconozco que tiene que ser muy duro para un presidente, ganar las elecciones y despertar al día siguiente dándose cuenta de que existe Europa

(Continuará)