Tag Archives: Religión

Willy Toledo, que estás en los cielos | ctxt.es

2 Oct

2/9/2018

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Con la LOMCE la religión se impone a la filosofía

21 Jun

20/6/2016

La sociedad y la escuela necesitan una asignatura obligatoria para todos los alumnos que trate sobre valores personales, sociales y políticos de un modo no dogmático. Y esta asignatura no puede ser la Religión, debe ser la Filosofía

Religión y violencia (José Álvarez Junco)

18 Feb

Artículo de José Álvarez Junco en “El país” (15/2/2015)

“El abominable atentado contra el Charlie Hebdo, uno más de los actos terroristas acogidos al manto de la yihad islámica, ha vuelto a poner sobre la mesa la relación entre religión y violencia. Una relación que choca, en principio, con la idea de que los mensajes religiosos son la base que sustenta principios morales universales entre sus creyentes. Los musulmanes del mundo entero, desde luego, se han apresurado a condenar estos asesinatos, protestando que nada tienen que ver con las doctrinas predicadas en el Corán. Pero la historia registra demasiadas matanzas en nombre de la fe como para que aceptemos, sin más, tan angélicas protestas.

En nuestro descreído mundo europeo, hoy se tiende a pensar, más bien, lo contrario: que hay algo inherente a las religiones especialmente a ciertas religiones) que convierte a sus fieles en peligrosos para quienes no comulgamos con sus ideas; que la religión, basada en la fe y no en la razón —al contrario que el pensamiento científico—, fomenta la violencia. De ahí a decir que el terrorismo tiene una raíz religiosa no hay más que un paso.

Es cierto que el Corán contiene mensajes pacíficos: “Combatid por Alá […]pero no os excedáis; Alá no ama a los que se exceden” (2:190); “Si pones la mano sobre mí para matarme, yo no voy a ponerla sobre ti, porque temo a Alá, señor del universo” (5:28); “Quien mate a una persona es como si matara a toda la humanidad; quien da la vida a uno, como si la diera a toda la humanidad” (5:33). Pero tan bellos consejos se olvidan cuando el profeta prescribe qué hacer con los no creyentes, a quienes “ni su hacienda ni sus hijos les servirán de nada” sino como “combustible para el fuego” (3:10); “Que no crean los infieles que van a escapar. ¡No podrán! Preparad contra ellos toda la fuerza, toda la caballería…” (8:59); “¡Creyentes! ¡Combatid contra los infieles que tengáis cerca! ¡Sed duros! ¡Sabed que Alá está con los que le temen!” (9:123); “Matad a los idólatras donde quiera que les encontréis; capturadlos, sitiadlos, tendedles emboscadas por todas partes” (9:5).

Mensajes igualmente contradictorios se encuentran en el Antiguo Testamento. El mismo Levítico que prescribe “amarás a tu prójimo como a ti mismo” (19:18) recomienda: “Perseguiréis a vuestros enemigos, que caerán ante vosotros al filo de la espada” (26:7-8). Y Jehová ordena a Saúl el genocidio de los amalaquitas con terribles palabras: “No perdones; mata a hombres, mujeres y niños, incluidos los de pecho” (Sam., I, 15:3). En los Evangelios, Jesucristo aconseja al que sea abofeteado ofrecer la otra mejilla y, si quieren quitarnos la túnica, regalar también el manto (Mat., 5:39), pero también advierte de que “no vine a poner paz sobre la tierra, sino espada” (Mat.,10:34). En los momentos previos al prendimiento, previene al discípulo desarmado que “venda su manto y compre una espada”; instantes después, al llegar la cuadrilla que le busca, uno de los discípulos pregunta: “Señor, ¿herimos con la espada?”, y, antes de recibir respuesta, corta la oreja de uno de ellos; Jesús le dice: “Basta ya”, y cura la oreja cortada (Luc., 22:36-51). Pero ese mismo personaje manso se deja llevar por la indignación y la emprende a latigazos con los mercaderes del templo.

Si de los textos revelados pasamos a la historia cristiana, encontraremos igualmente ejemplos para las conductas más dispares. Un belicoso y antisemita se acogerá a precedentes como Domingo de Guzmán o Vicente Ferrer, por mencionar solo a los santificados, o invocará las Cruzadas o la Inquisición; uno pacífico y ecologista, a Francisco de Asís, Las Casas o Teresa de Calcuta. Un nacionalista conservador celebrará la memoria de Recaredo o Isabel la Católica; un izquierdista, la del jesuita Ellacuría o el arzobispo Óscar Romero. Un misógino encontrará en las escrituras mil frases y conductas que ratificarán sus prejuicios; pero a un feminista no le faltarán pasajes bíblicos en los que apoyarse.

En la historia, el islam no se ha distinguido de otras religiones por una especial intolerancia o sed de sangre. Refiriéndonos a nuestra Península, la zona musulmana fue más tolerante que la cristiana. Los cristianos sobrevivieron y practicaron su culto bajo el califato de Córdoba, mientras que los musulmanes fueron obligados a convertirse o salir de la monarquía católica —e incluso convertidos, algunos sinceramente, sufrieron nueva expulsión un siglo más tarde—.

En Europa, la reforma luterana abrió un período particularmente sangriento, con hechos como La Noche de San Bartolomé, en la que los católicos franceses pasaron por el cuchillo a varios miles de protestantes. En el siglo XX, las mayores masacres, con millones de víctimas, han sido de inspiración pagana pero se han producido en una Europa de raíces culturales cristianas; parecidas han sido algunas matanzas asiáticas, en zonas de tradición religiosa taoísta, budista o confuciana.

Pocos hechos comparables se registran en el mundo musulmán, salvo el genocidio armenio —tampoco estrictamente religioso—. La ferocidad actual de Al Qaeda o del Estado Islámico no debe hacernos olvidar a personajes como Malala Yousafzai, que arriesga su vida en defensa de la educación de las niñas, o los abogados iraníes o paquistaníes encarcelados o asesinados por defender los derechos humanos y la tolerancia religiosa. Son héroes de la libertad y son musulmanes.

Con lo que, al final, ni los textos ni las conductas ejemplares permiten distinguir radicalmente entre unas religiones y otras. Todos los mensajes revelados son maleables; todos necesitan arduos trabajos de glosa e interpretación; en todos encontramos afirmaciones que ratifican nuestras posturas preconcebidas. Las doctrinas, además, no se traducen de manera automática en acción. Son los intolerantes y fanáticos los que se escudan en los mensajes que les convienen para justificar sus pulsiones. Más útil, por tanto, que comparar textos me parece comparar las situaciones históricas en las que se hallan las identidades culturales.

Porque la religión es una identidad colectiva, semejante al linaje o la nación. Una identidad que nos adscribe a un determinado grupo humano, del que recibimos nombre y cultura. Y la identidad es muy distinta a las creencias, como demuestra el simple hecho de que en España el porcentaje de quienes se consideran católicos sea superior al de aquellos que declaran creer en Dios.

Esas identidades culturales, de las que forma parte la religión, pasan por distintas fases. Cuando nuestra forma de vida es envidiada e imitada por todos, podemos ser optimistas y generosos. Pero cuando está postergada, y corre el riesgo de desaparecer, surgen las tensiones y las reacciones violentas.

En los últimos siglos, las identidades religiosas tradicionales han tenido que adaptarse al choque con la modernidad. El catolicismo sufrió el embate del luteranismo, de las revoluciones filosófica y científica, la Ilustración, la industrialización, las revoluciones liberales, la democracia. Enfurruñado ante la incomprensión universal, Pío IX condenó la modernidad in toto y se encerró en el Vaticano. Pero otro Papa, 70 años después, abandonó el encierro y aceptó lo inevitable. Lo inevitable era la separación entre la Iglesia y el poder político, la libertad de opinión, la diversidad de creencias entre los ciudadanos, la desaparición del papel del clero como monopolizador de las verdades sociales.

El islam —como cultura, no como religión— no ha tenido protestantismo, ilustración ni revoluciones liberales. Y sigue sin adaptarse a la modernidad en, al menos, tres terrenos fundamentales: la separación Iglesia-Estado, lograda en Occidente tras la huella ilustrada; la igualdad de géneros, conquista de los movimientos feministas del XIX y XX; y la pluralidad de creencias como base de la convivencia libre. Sin aceptar estos principios, las tensiones que produce el impacto de la modernidad llevarán a la crispación y, en los más locos, a la violencia asesina. Con lo cual, al final, resulta que sí, que en el islam hay problemas específicos que generan tensiones y, en casos extremos, terrorismo. Aunque no se derivan de sus doctrinas —tan maleables como otras—, sino de su inadaptación a la modernidad”

Calentamiento global y Diseño Inteligente.

14 Oct

republicanos diseño inteligente

El negacionismo del calentamiento global antropogénico (esto es: el calentamiento del planeta, debido a la acción del ser humano) ha encontrado entre los defensores del Diseño Inteligente un aliado incondicional. Sostienen estos últimos (como el buen republicano por Illinois) que dicho calentamiento no es más que un mito sin fundamento alguno, basándose en algo tan riguroso como una interpretación literal (y sui generis) de la Biblia.

En la misma línea, una organización llamada “The Cornwall Alliance for The Stewardship of Creation” [Alianza para la Administración de la Creación] ha publicado recientemente lo que llama “Una Declaración Evangélica sobre el Calentamiento Global”. He aquí algunas citas seleccionadas de ese documento:

  • “Creemos que la Tierra y sus ecosistemas – creados por el diseño inteligente y el infinito poder de Dios y sostenidos por Su fiel providencia – son robustos, resistentes, auto-regulados y auto-corregidos, admirablemente adecuados para el florecimiento humano y para mostrar Su gloria. El sistema climático de la Tierra no es una excepción. El reciente calentamiento global es uno de los muchos ciclos naturales de calentamiento y enfriamiento de la historia geológica.”
  • “Negamos que la Tierra y sus ecosistemas sean frágiles e inestables productos del azar y en particular que el sistema climático de la Tierra sea vulnerable a la alteración peligrosa debida a cambios minúsculos en la química atmosférica. El reciente calentamiento no es ni anormalmente grande ni anormalmente rápido. No hay evidencia científica convincente de que las contribuciones humanas a los gases de efecto invernadero estén causando un calentamiento global peligroso.”
  • “Negamos que el dióxido de carbono – esencial para el crecimiento de las plantas – sea un contaminante. La reducción de gases de efecto invernadero no puede conseguir una reducción significativa de las temperaturas globales en el futuro y los costos de estas políticas superaría con creces los beneficios.”

(Tomado de “La ciencia y sus demonios“)

Pues nada, ahora que sabemos que el “calentamiento global” no es una amenaza, sigamos consumiendo y contaminando alegremente el planeta. De paso, desterremos la ciencia de nuestras vidas y pongamos nuestro futuro (y el de las futuras generaciones) en manos de la pseudo-ciencia (y de la religión).

Diseño inteligente: cuando el fundamentalismo se viste de ciencia.

24 Oct

Información básica sobre el Diseño Inteligente, entresacada de diversos artículos de la página web “La ciencia y sus demonios“. Nos interesa profundizar en dicha propuesta, saber si realmente puede ser considerada científica y conocer las estrategias que emplean sus seguidores para lograr su implantación en las escuelas y en la sociedad.

Comencemos.

¿Qué proclama el Diseño inteligente y por qué no es una ciencia?

  • Los defensores del DI (Diseño Inteligente) sostienen que la evolución promueve una concepción atea del mundo y, por lo tanto, debe ser rechazada por los creyentes. En un documento interno del “Discovery Institute”, un importante partidario del DI redactó un documento “cuña”, que en su origen fue un memorando interno (que llegó a Internet), en el que se describen metas a 5, 10 y 20 años para influir en la opinión pública, desbancar el materialismo ateo y reemplazarlo por una “comprensión  teísta de la naturaleza”.Queda claro que, aunque el DI se presente como una “teoría científica”, su intereses no tienen que ver directamente con la ciencia, dado que no nació de la tradición científica.
  • Su segunda propuesta afirma que la evolución (la Teoría Sintética de la evolución) es fundamentalmente fallida, ya que no puede explicar la intrincada complejidad de la naturaleza.
  • El siguiente argumento es quizás el más curioso de todos desde el punto de vista científico. Se podría llamar el “apoyo por eliminación”. Dado que la evolución es incapaz de explicar la complejidad del origen de la vida (algo que en realidad no es cierto), debe de existir un Diseñador inteligente. Dicho de otro modo: “Cómo tu teoría no es correcta (o no me interesea que sea correcta), debe de serlo la mía“. Esto vuelve a demostrar por qué el DI no puede ser considerado una ciencia. El argumento es falaz y pseudocientífico (no tiene nada de científico), ya que en ciencia hay que demostrar experimentalmente los modelos que se plantean, reunir evidencias a su favor y hacer predicciones a partir del modelo propuesto que tienen que ser comprobadas más adelante.
  • Si realmente el DI fuera realmente una “ciencia”, debería mostrar cuáles son las observaciones experimentales en las que se sustenta, qué predicciones realiza, qué experimentos sugiere para su verificación. Pero en todo esto el DI guarda un profundo silencio. Es más: el Diseño Inteligente no aporta ni una sola prueba, ni un sólo dato empírico, ningún experimento de laboratorio o investigación de campo; la doctrina del Diseño Inteligente es mera charlatanería adornada con pseudofilosofía (enlace).
  • Eso sí, los seguidores del DI se cuidan mucho de no especificar quién es el diseñador, pero la perspectiva cristiana de la mayoría de los líderes del movimiento sugiere implícitamente que esta fuerza que falta vendría a ser dios mismo.

Sus estrategias para acorralar a la ciencia.

Las podemos resumir en dos puntos, que a su vez pueden ser desgolsados en cuatro líneas de acción:

  • Apelar a la libertad de expresión ante la opinión pública, echando mano del victimismo cuando lo estiman oportuno, para mostrarse como el débil que combate al gigante opresor.
  • Presionar a políticos y a los tribunales para cambiar las normativas académicas.

(Ignorancia neoconservadora)

1. Enseñemos la controversia

Los creacionistas postulan que la evolución no ha tenido lugar, ni procedemos de un ancestro común. Cuando se apunta que en el mundo científico existe un amplio debate acerca de los mecanismos evolutivos ellos indican: “¿Ves?, ahí está la controversia“. La controversia es resaltada porque “no todos” los científicos aceptan la evolución o bien porque la evolución promueve controversia fuera de los círculos científicos. Y lo que es importante también señalar es la definición que emplean de evolución: Michael Behe, y otros defensores del DI (como el cardenal Christoph Schöenborn) definen evolución como “mutaciones al azar y selección natural”, lo cual no coincide con la definición de evolución del mundo académico (y Behe lo sabe perfectamente como ya nos mostró en este mismo medio). La evolución es el conjunto de transformaciones o cambios a través del tiempo que ha originado la diversidad de formas de vida que existen sobre la Tierra, y hace referencia a un fenómeno. Hablar de mutaciones al azar y selección natural es hacer referencia a un mecanismo explicativo del fenómeno, no al fenómeno en sí.

(Sobre este punto, ver artículo: “Azar y evolución: Wessel y las rebajas de enero“)

2. Discriminación de otros puntos de vista

No enseñar la teoría del DI en escuelas y universidades es atentar contra el derecho que ampara a los jóvenes de acercarse a otros puntos de vista. Olvidan los que así argumentan, que la inmensa mayoría de los alumnos no tienen por su edad una formación adecuada en temas científicos, lo mismo que olvidan que los únicos que tienen problemas con la evolución son los “fundamentalistas cristianos” por su lectura literaral de la biblia.

3. Fortalezas y debilidades de la evolución

Todo científico sabe que ninguna teoría científica es capaz de contestar a todas y cada unas de las preguntar que puedan surgir en torno a ella. Además las teorías se matizan, e incluso varían en función de que se aporten nuevas evidencias. La estrategia creacionista consiste en tomar algunas de las preguntas aún no contestadas sobre la evolución y apoyarse en ello para alegar que no se conoce todo, que hay debilidades en la teoría y por tanto no se puede confiar en ella. Sin embargo, todas esas debilidades que han presentado han sido refutadas una por una.  En realidad los científicos están encantados con que los alumnos conozcan esa controversia y las preguntas planteadas a la evolución, con el fin de incrementar su espíritu crítico, indispensable en ciencias, introducirlos en las discusiones científicas y quien sabe si para que ellos mismos en el futuro den con la clave para responderlas.

4. Mantener el pensamiento crítico

El pensamiento crítico es unas de las habilidades que todo estudiante debería de aprender durante su estancia en los centros educativos. Los defensores del DI apelan al espíritu crítico de los alumnos (como hemos apuntado), como aval para su implantación en las aulas. Los creacionistas en este sentido quieren que los alumnos aprendan la evolución de forma “crítica”, pero no tienen el menor interés en que ese pensamiento crítico sea aplicado a otros campos como la historia, la teología o la gramática, mostrando así un prejuicio total hacia los aspectos de la ciencia que contradicen su ideario.

diseño inteligente from BdF on Vimeo.