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La libertad de expresión y el juego de la cuerda

16 May

16/5/2018

Excelente artículo de Isaac Rosa. Conversación simulada (en “diferido”) entre ministro y fiscalía, acerca de la falta de libertad de pensamiento, disensión, crítica y expresión en nuestros días.

 “La libertad de expresión es como el juego de la cuerda, ese de dos equipos tirando cada uno por un extremo. Si ellos tiran fuerte, la consiguen alargar por su lado. Si aflojan, somos nosotros los que les recortamos metros. Así ha sido siempre con todos los derechos y libertades, que no son fijos ni absolutos, están en permanente disputa y negociación, día a día. Pero especialmente con la libertad de expresión: nosotros tiramos siempre, nosotros nunca aflojamos; y si ellos no sujetan fuerte, los arrastramos hacia acá. La libertad de expresión nunca es ilimitada (como ninguna libertad, vaya), y en cada país y época tiene unos límites, que se fijan según la fuerza con que tire cada lado“.

Por alusiones (y solo por ello).

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El 15M clama en su séptimo aniversario contra el retroceso en la libertad de expresión

15 May

15/5/2018

https://m.eldiario.es/sociedad/vuelve-reivindicar-libertad-expresion-minimos_0_771323581.html

Redes sociales: ‘Fake news’ y credulidad | Opinión | EL PAÍS

30 Abr

29/4/2018

 

Las sentencias por enaltecimiento del terrorismo se multiplican por cuatro desde que ETA dejó de matar

21 Abr

22/4/2018

https://www.eldiario.es/politica/Enaltecimiento-terrorismo-delito-multiplico-ETA_0_762923970.html

“Los borbones son unos ladrones”: los raperos desafían a la ley mordaza

9 Abr

9/4/2018

Rapear no es delito. Sin embargo, Valtonyc, Pablo Hasel o La insurgencia irán a la cárcel por sus canciones. Ahora, 13 raperos ponen voz al tema Los borbones son unos ladrones, una “autoinculpación musical colectiva” para reivindicar la libertad de expresión y condenar “la represión” que sufren los músicos condenados por injurias al rey y/o por enaltecimiento del terrorismo.

El videoclip, grabado en la antigua cárcel Modelo de Barcelona, cuenta con la participación de bandas y artistas como Frank T, Sara Hebe, Elphomega, Rapsusklei, Clara Peya, Machete en Boca, Homes i Dones Llúdirga, La Raíz, Ira, Los Chikos del Maíz, Tribade, Def Con Dos, Noult y Zoo.

El título de la canción recuerda a una de las rimas por las que Valtonyc ha sido condenado a tres años y medio de prisión. “Rapear no es delito. En las cárceles los más débiles, los más pobres, ¿es o no? En Ginebra los patriotas escondiendo el montón”, comienza la canción que desafía a la Justicia.

¿Convendría una asignatura de pensamiento crítico?

27 Mar

27/3/2018

Los chicos y chicas sencillamente creen lo que oyen en casa y en el colegio, no digamos ya lo que leen en redes sociales, sin cuestionar la veracidad de esos planteamientos. Bien, ¿por qué iba a ser de otro modo? Toda su formación se ha basado precisamente en creer, en aceptar sin poner en duda, en repetir las palabras de un libro de la forma más semejante posible.

Una de las opciones consistiría en poner en marcha una asignatura específicamente diseñada para que el alumnado entienda la necesidad de dudar, de buscar fuentes, de confrontar versiones.

Pero… ¿Quién iba a impulsar tal cosa? ¿El mismo gobierno que se ha desgañitado en sepultar la asignatura de filosofía bajo la coartada de que no sirve para nada (traducción: no sirve para ganar dinero)? ¿El mismo Estado que persigue pensamientos disidentes y criminaliza el mal gusto?

 

Lavapiés y el reverso tenebroso de los delitos de odio

22 Mar

23/3/2018

¿Lenguaje del odio o lenguaje con odio?

Odiar y amar son sentimientos, no delitos (…)

Se equivocan quienes pretenden hacernos creer que el odio, de por sí, es un delito y que quien lo expresa, un criminal. No son las emociones ni los sentimientos lo que se juzga con los denominados, y tan de moda, “delitos de odio” (…) Parece que el hecho de expresar sentimientos hostiles hacia representantes públicos o políticos es motivo suficiente como para verse inmerso en ese proceso penal.

En los últimos meses nos hemos encontrado con sujetos que –lejos de pertenecer a uno de los colectivos que las declaraciones de derechos humanos califican como vulnerables por el color de su piel, su identidad de género, su origen, su orientación sexual, sus ideas…– trasladan a la opinión pública un mensaje distorsionado sobre lo que son los delitos de odio. En sintonía con esta distorsión y a partir de los incidentes de Lavapiés y la muerte por aclarar de Mame Mbaye, tenemos noticia de cómo diferentes sindicatos de la Policía Municipal de Madrid que han acudido a la Justicia dicen ser víctimas de un delito de incitación al odio.

 

(…) Ignoran yendo a esta vía legal, que la calumnia, los delitos contra el honor, las injurias e incluso el atentado contra la autoridad tienen su propia tipificación penal. Sin embargo, con este uso inadecuado dejan en el imaginario social una huella peligrosa de estigma hacía lo que representan quienes acusan como autores de esa incitación: la legítima rabia e indignación.

Olvidan quienes promueven estas denuncias que los delitos de odio no están para castigar sentimientos, actitudes vitales o modos de pensar (por muy reprochables que sean). Tampoco están para proteger su ‘integridad’ ni su ‘verdad’. Los delitos de odio están para salvaguardar a esos colectivos más vulnerables que sufren sistemáticamente la violencia que promueven o amparan las instituciones públicas por motivos prohibidos en las leyes. De hecho, Mame Mbaye pertenecía a uno de esos colectivos por el color de su piel y salir corriendo detrás de él por el solo hecho de ser mantero no se corresponde a lo que en derechos humanos entendemos por proteger.

En España vivimos un momento de gran confusión entre lo que es el ‘lenguaje del Odio’ y el ‘lenguaje con odio’. El primero, es la antesala de la violencia que se dirige a una persona por pertenecer a uno de esos colectivos vulnerables, y para su reconocimiento jurídico hacen falta mucho más que palabras. El segundo, es parte de la expresión de sentimientos que (como dice Antonio Damasio) representan la forma que tenemos los humanos de comunicar nuestros estados mentales. Con esta diferenciación no se trata de negar la influencia que tienen los sentimientos en la comisión de los hechos delictivos, pero sí se quiere no interferir en un derecho clave (el de la libertad de expresión) y no olvidar a quienes necesitan de una mayor y mejor protección ( los nadie).

Si lo que se juzga con los delitos de odio no es lo que se piensa y expresa sino las palabras y acciones que propagan, incitan, promueven o justifican el odio hacia alguien por el color de su piel, orientación sexual, religión, origen, identidad de género, etnia, situación económica, capacidades, género… ¿por qué hay miembros de la Policía Municipal de Madrid que se sienten legitimados como víctimas de este tipo penal? Son autoridad, no colectivo en situación de vulnerabilidad. ¿Acaso no tienen otra vía penal para reclamar lo que sienten que es justo? La tienen. Pero el argumento del discurso del odio tiene en este momento mucho más tirón para lograr atención.

(…) Si quienes ostentan una posición de autoridad o de poder pervierten el sentido de un instrumento legal que surgió para amparar a quienes necesitan de especial protección, se corre el riesgo de entrar en dinámicas que son, precisamente, las que se busca combatir con los delitos de odio: las de la arbitrariedad pública y discriminación injustificada que dan pie a las violaciones de derechos humanos.

No podemos aceptar que se persiga la rabia de luchar contra lo que nos indigna o nos oprime porque ese es (y ha sido) el sentimiento motor  detrás de muchas de las acciones colectivas pacíficas que nos han hecho avanzar en libertad e igualdad. Porque la rabia ante la injusticia es Dignidad.


Información sobre Rommy Arce  (viento sur)


Ver también entrada: “Urge reformar la Ley de Extranjería” 25/03/2018 (Anna Maria Pérez Oller  en Público)

 

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